El Miedo a morir.

He visto morir a tantos, de tantas edades, de tantas maneras, què no solo deberìa estar acostumbrada, sino què no deberìa tener miedo. Pero lo tengo..

He estado en sus ùltimos latidos, cuando la sangre se estanca y les cubre èsa lividez pàlida, y el esfuerzo por meter aire que hace que se arquee la espalda. Y luego de una resucitaciòn (RCP) no se acuerdan, sino de palabras suelas y haber tenido frìo.

Y me consuela, saberlo.

¿A què tengo miedo?

¿A dejar a mis hijos? Un poco, pero no demasiado. He logrado adultos exitosos e independientes.

¿A la forma de morir? Mi temor es mediano. A veces la agonìa es de sentir que te asfixias por largo tiempo.

O el dolor què puede ser terebrante y continuo sin que se logre quitar, a menos què estès narcotizado, e inconciente..

Y saber què no hay esperanza.

¿Temor a morirme?

Si. A èso. A sentir que me muero,  saber que el latido disminuye,  què son las ùltimas bocanadas, què me veràn cuando me orine, que todo lo que fui, pensè se iran en la mayoria conmigo, sin el consuelo de un retorno.

Por cierto, me molesta el suicidio. Porquè no solo se mueren ellos, matan el honor de haber sido, a sus hijos, a su esposa/o.

Heredan culpa, aunque no se sepa de què..

 

Juan Bueno. Juan Malo. Cuento para niños.

Marìa està hecha ovillo bajo las frazadas.

Con sus dos manos abraza el manatì sobre su corazòn. Sus ojos no quieren abrirse a pesar que el sol le pica un dedo del pie que se ha escapado de su prisiòn de tela.
Es sàbado, y ya suena el carro de helados, el perro corre con su pelota de un lado a otro.
Hay que alzar la casa, desayunar, lavar la loza, trapear, tirar la basura, ir al mercado a elegir
los tomates màs rojos, las olorosas guayabas, 200 gramos de aràndanos para el pan.
Y Marìa remolona se da otro enredo en la ropa.
Le cuento un cuento para despertarla…

Cuentos para despertar

Pedro el Malo y Pedro el Bueno.

En la montaña, en la tierra del oso negro,  en una casita protegida del azote del viento del norte después de muchas horas de parto nacieron 2 niños, tan parecidos, que era como mirarse en el espejo. El corazón de la madre no pudo tolerar tal esfuerzo, pero antes de cerrar los ojos para siempre, alcanzò a decir: “Llàmenle Pedro”.

Asì, los abuelos les llamaron Pedro y para no confundirse les llamaban Pedro Primero y Pedro Segundo.  Con nombres de reyes, alimentados con la leche tibia de las vacas que parecía que cuando caminaban iban a caerse de las empinadas faldas de las montañas, los niños fueron creciendo.

Se levantaban tan temprano que despertaban al gallo, el cuàl respondìa quiquirikiandaahí, quiquiriquídejendormir! Eso despertaba al burro que renegaba; jijaunohaganruido, jijauunratomàs.  Las palomas en los aleros abrían y cerraban  los ojos. ¡Esto era todos los días!

Y como todos los días, al tercer rebuzno se iban volando al viejo mimbre donde los jilgueros cantando se iban revoloteando a la tranquilidad del barranco.

Con un silbido, Pedro Primero llamaba a los perros para arrear las chivas y las vacas, hasta el banco del otro Pedro que las ordeñaba.

Aparte habìa que levantar las gallinas y recoger los huevos, separar las crìas, encerrar a las ovejas que les gustaba la aventura de irse a otros cerros, recoger la leche para hacer los quesos y la vendimia, dar de comer a los cerdos, a las vacas, a los chivos, a los perros, a los 2 caballos, los burros, a las gallinas y al presuntuoso faisán que pavoneaba su única pluma.

Cuando el sol habrìa su ojo. Pedro Primero y Pedro segundo ya estaban peinados, comiendo huevos, frijoles y  pan que la abuela acababa de hornear y se iban en sus borricos cada uno con 2 tinajas de quesos para dejarle al tendero y llegar corriendo a la escuela.

(Fragmento)

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El Sindrome del Tercer Hijo.

El primer hijo. El Amado. Casi siempre es el màs amado, el màs esperado, y si es hombre, es el que preservarà el apellido y a veces las herencias o titulos familiares.

Es el que llevan al mèdico para saber si està sano, o si es enfermedad si llora mucho, o no quiere dormirse, le ponen todas las vacunas, tiene el mejor Pediatra, la ropa màs cara, muchos juguetes.

Y nunca puede estar lejos del ojo materno por miedo.. “Es que ahora es peligroso”.

Por supuesto ahora es màs peligroso, pero las madres de todos los tiempos siempre tienen màs miedo con el primer hijo.

Es del que se espera que ayude, el que cuida al hermano en el camino, en el recreo, a la hora de hacer tarea, si se quedan un rato solos.

Heredero/a, ayudante y cuidador desde que nace el siguiente hermano, se habitùa a ordenar, diciplinar, corregir a otros. Hasta que van creciendo y un dìa el hermano le dice “Tù no eres mi padre_ o madre”, y los padres le dicen.. ¿Quièn te crees?, solo eres su hermano.

Confundido y molesto por el final prevesible que se avecina, pues no quiere ser copia de sus padres, huye muchas veces. Pero vuelve de vez en vez, sin deshacerse de su papel de Hermano-Padre.

El segundo hijo. El Perfecto, aprende ràpido lo què se espera que sea el primero. Suele ser el hijo perfecto. El orgullo de los padres, el què requiere poca supervisiòn. Incluso sus hijos y pareja son perfectos.

Sin embargo, se siente menos amado. Infravalorado de todo lo que hace y que a veces solo gratifican una sonrisa y que le acaricien el pelo por unos padres cansados y que agradecen que sea “tan buen niño”..

Si  Ud es un segundo hijo, sepa que los padres amamos a todos nuestros hijos, pero no se califican en grados, sino en formas.

Observe. Quziàs està su foto y diplomas en la pared.

Quizàs en la mesa se habla de sus hazañas.

El tercer hijo. El Consentido. La madre ya ha aprendido como curar una rozadura, el còlico, ponerle una venda en una herida pequeña. Asi que lo supervisa menos y hace lo que quiere. Si es traviezo a lo sumo habrà una amenaza. “Le voy a decir a papà para que te castigue”.. Y aprende que no, que no lo castigan, o que el castigo es dejarlo dormir con los primos o con los abuelos. Hasta sospecha que hay algo de gusto que no estè y suele pasar màs noches en otras casas. La supervisiòn se puede hacer tan lejos que mejor le comprarn un telèfono celular para saber donde està.

Sabe como hacer que lo perdonen,  que le den màs dinero, que lo lleven al cine, que le compren el videojuego de moda.

Aprende como estar enfermo. Lo llevan al mèdico porquè no come, pero no come comida sana, se alimenta con jugos , yogurt, papas fritas, pizza, hambuguesas, coca cola, dulces e internet de postre.

La frase de otra gente suele ser “Lo tienes chiflado2, “Esta consentido”.

La madre lo niega. Pero si es tremendo y ademàs es tan pequeño.

Siempre serà pequeño, incluso si tiene 40 años y  2 hijos.

Esto ya lo habìa escrito en otro blog, pero me parece màs adecuado hacerlo acà.

Un saludo.

Marìa.

Las acaloradas …

Las acaloradas flores del geranio se abanican con sus hojas.

Puesta en la vieja mesa de madera, que no tiro porquè la hicieron las manos callosas de mi padre,

3  diminutas tazas de la China estan colocadas sobre sus platos.

¿Jugamos abuela?

¿Jugamos a que somos grandes?

Sonrìo..

Voleteo el bote plàstico y me siento para hacerme “pequeña”.

Marìa se coloca un collar para ser “grande”.

Bebemos un lìquido incoloro que hoy es chocolate.

El Rìo.

En el bosque, hay un “Ojo” de agua.

Sus ondas son tan lentas, tan desesperadamente lentas

que  el agua parece inmòvil.

Las hojas que caen verdes, se vuelven amarillas, cafè y de nuevo ; verdes.

Quisieran tener alas como el rojo Cardenal para llegar hasta los àrboles,

branquias como los peces para explorar el fondo.

Pero el viento no puede elevarla de su cama de agua,

ni las arañas que a veces la abordan de piragua, sumergirla.

Presiente por la algabarìa de los pàjaros

y el zumbar de las libèlulas què màs allà del borde del agua

hay todo un mundo de emociones.

Se duerme, luego despierta e intenta liberarse, en un tiempo que parece eones.

Un dìa, la corriente la lleva mas ràpido.

Hipnòtica sigue los reflejos acristalados del àlamo.

las ramas colgantes del sauce que besa el agua.

Quisiera detenerse un rato para ver como se ondula la serpiente entre el tule.

Cual de las ranas da el brinco màs largo,

pero…

quiere saber porquè en la otra orillas pequeñas luces se apagan y encienden.

Y deja què el agua la arrastre hasta màs allà donde las vacas somnolientas brevan.

Tantas cosas que no ha visto!

Tantos sonidos, como el del pàjaro oscuro que a veces le ronda en la noche.

Que emocionante caer entre las piedras,

con los peces plateados que saltan a donde ella viene.

!Que no vayan! Ahi todo es lento, tan cansinamente lento!!

A ratos se aburre, como cuando llegò al continente amarillo de espigas,

Trata de volver, pero la corriente cada vez es màs ràpida

En un brinco de agua se da cuenta que el rìo termina en las rocas,

Y el agua piadosa, brama e intenta detenerla entre espumas.

Encrespada solo le da tiempo a extenderderse en un clavado perfecto.