La hija del viento

Con Septiembre llega el viento con ramalazos calientes y frescos a la tierra àrida del norte.

Las hojas aun verdes del morero lo resienten. Algunas caen rotas  y otras quedan deshilachadas tras la ventolera.

La mirada recorre las gargantas de la Sierra madre. 

El dèbil ulular del viento horripila la piel.  El sonido a veces es suave, a veces calla y luego arrecia.

De octubre a Diciembbre serà màs frecuente.

Vendrà a desprender el dèbil tallo de las rodadoras* què en voltereatas se iràn por el pàramo.

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No tengas miedo Marìa. Es solo la hija del viento què juega.

Dice la gente què allà por 1922 la familia Ibarra fuè a pasear a la Sierra Madre.

Don Pasciano Ibarra, zapatero de un pequeño pueblo de Coahuila habìa prometido inumerables veces a sus 2 hijos mostrarles los lugares donde alguna vez habìa ido de caza con su padre.

Habìa ido 2 veces y aunque nunca habìan cazado nada aùn recordaba el sonido què a el le parecìò el de un leòn y un rastro en la arena què su padre jurò !Por todos los dioses! era de una serpiente de cascabel.

Doña Eva Garza, mujer menuda y muy “de su casa”, se habìa levantado èsa mañana para freir los frijoles y en el acero tatemar** los chiles y el tomate para la carne. Ella tambièn estaba encantada con la salida, puesto què  excepto ir a la iglesia el domingo, la reuniòn con el coro de la iglesia el jueves y alguna boda una vez al año, su vida transcurrìa de la cocina al patio de la casa familiar.  Nunca habìa ido a una montaña. La imaginaba llena de un pasto recortado como campo de golf, con mariposas volando delicadamente y un riachuelo de agua fresca donde sumergiria los pies.

Pronto se encontraron en camino a la gran aventura.  Daniel habìa llevado su pelota nueva de colores. Evangelina què tenìa 10 años su muñeca de porcelana.

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El padre se detenìa cuando los alborozados niños “divisaban”*** un rebaño de cabras o un hato de vacas.

Cuando fuè evidente que el destartalado auto no podìa seguir màs por el camino de piedras deslavadas, tomaron las cosas què llevaban y se fueron alejando.  El padre llevaba la canasta y la cantimplora, la madre una cobija y un paraguas, Daniel una sandìa què despuès de caersele 3 veces quedò abandonada destrozada y Evangelina o Angie como le llamaban en casa una maleta con cambios de ropa por si encontraban un rìo, la pelota y la muñeca.

La falta de costumbre de Doña Eva al sol y a la picadura de insectos los detuvo en un cañòn.  Miraba con tristeza sus negros zapatos de charlol  descarapelados por la agudeza de las piedras serranas.  Sus uñas negras de tierra.

Veìa a Don Pasciano con el sudor empapando el cuello, resoplando  con lìneas de salitre en la espalda.

Los niños en cambio iban felices. Habìan visto  ya una liebre y un correcaminos mientras sus padres discutian entre seguir o volver.

En algun momento antes de detenerse, la pelota habìa escapado de las manos de Angie. No dijo nada, temìa què tendrìan que volver, asi que dejò su carga y  la siguiò por el cañòn. què convergìa en otro lateral y cuando quiso volver ya no supo como.

Cuando sus padres y hermano se dieron cuenta la buscaron, hasta que se hizo de noche y de nuevo dìa.!Angie, Angie! Angie! gritaba doña Eva. ¿Donde estàs? y el eco repetìa: Angie, Angie, Angie, dooonde estaaaàs!

Luego la buscaron las personas del pueblo.

Al mes de desaparecida se concluyò que ya tendrìa que estar muerta de sed o de hambre. O què el oso o el puma se la habrìan comido. 

Nunca se encontrò rastro de ella.

Su madre, Doña Eva volvìo muchas veces a buscarla. Su piel blanca  se volviò morena de sol y viento.  Se fuè secando como la tierra en la sequìa, hasta què un dìa resquebrajada se hizo polvo y se quedò en el viento.

Cuando llega Septiembre su voz ululante de viento se escucha.

¿Lo oyes?

Es un viento impaciente que desprende las rodadoras, pelotas del desierto para jugar con Angie.

Angie es el viento càlido què casi siempre està entre los cerros y  la llanura.

Angie sigue siendo travieza, se esconde de su madre, da una vuelta a los àrboles y sale desprendida de atràs de una roca.

                                                                                                                               marìa

– Nota aclaratoria. Parte de la tradiciòn oral de  Coahuila. Escuchada de Don Isabel Andrade, nativo de Santo Domingo, en el municipio de Ramos Arizpe. Los nombres, excepto el de Evangelina,  son ficticios. ya què no recordaba nombre y apellidos.

La foto no es de Evangelina, aunque si es de 1922.

 

* Nota liminar. Planta rodadora. Tambièn llamadas chamizos o estepicursor. Plantas  autòctonas de zonas àridas, de hojas espinosas con un crecimiento redondeado, raiz superficial. difìcil de desbrozar, de ràpido crecimiento, tallo resistente cuando està verde y quebradizo al secarse. Se desprende con el viento y tiende a formar bolas o pelotas en el otoño.  Definiciòn personal.

** Nota liminar. Tatemar. Palabra de origen nàhuatl para designar comidas que se asan superficialmente para retirarles solo la cascara. Definiciòn personal.

*** Divisaban. Palabra de uso coloquial sinònimo del verbo ver y observar.

 

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