La Mula.

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La Mula.

Aquel dìa era como casi todos los dìas del invierno. El tibio sol intentaba calentar la frìa tierra del llano, las doradas espigas del zacate se movian en un tic tac incesante ante un viento gèlido.
Como les digo era un dìa como cualquier otro, excepto porquè en el establo desde temprano estaba en labor de parto la yegua baya, orgullo del ranchero. Habìa estado preocupado porquè el embarazo ya habìa pasado con creces los 11 meses, asì que no querìa separarse y dudò entre llamar al veterinario o a Matìas, criador de caballos. Eligiò lo segundo y en cualquier momento estarìa por llegar el vecino què vivìa a 7 kilòmetros.
Tranquila “Vidita”, ya veràs què unos dìas volveràs a correr ligera por los montes y ganar carreras. Ya lo veràs, tendràs un potrillo ruano, presto, ganador de millas como el padre.
Si es potra tendrá tu grácil catadura y la velocidad de centella de tus patas.
Pero ni potro, ni potrilla ni rocìn, ni jamelgo ni padrillo nació mientras el sol se escurria tras la montaña para acompañar la tribulación de yegua y amo.
Una acémila rosillo-canela gemìa al sentir la frialdad del viento.
Una mulita alzada, mohína y eso si, de ojos inmensos como todos los crìos, una estela entre los mismos y vaya usted a saber porquè, la corta melena blanca.
Casi todos los equinos reciben nombre al nacer, pero pocas mulas y machos lo tienen.
Esta mulita tuvo suerte, le dieron un nombre: ixki, como las nubes de la tarde; rosa.
¡Arriba la cabeza!, ¡levanta màs alto las patas! ¡Màs aprisa! ¡Vamos!
Pobre ixki, levantaba las patas delanteras y arrastraba los cuartos. Si levantaba la cabeza el trote se hacìa lento y su madre se perdía de su vista. Entonces hipeaba, hip, hip y se le salìa un rebuzno.
El cacaraqueo burlòn de las gallinas ponyolas ( De cuello sin plumas) lo acompañò mientras volvìa del campo de secano hasta el establo.
Esta mula cree què es caballo, decían.
Què alguien le diga què no necesita saber correr si solo ararà la tierra y cargarà leña.
No le hagas caso, decía “Vidita”.
Toma leche y durmamos.
Mientras duermes, sueña.
Soñemos què tenemos alas y volamos hasta la luna.
Que nos embarcamos en un barco de papel de la China hasta el mar de los Zargazos. .

Estoy emocionada en hacerlo, podrìa decir què es el producto de muchas làgrimas de èstos meses pasados.

Si no me leen acà es poquè estarè escribiendo y borrando lìneas.

                                                                                                                        marìa del rosario.

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Ideas tontas.

Para llegar a la luna, se tuvo que soñar en llegar a  las estrellas.

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No te apegues. No habrà maleta de viaje para llevar cuando te mueras.

Sin embargo, cuida de dejar buenos recuerdos.

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Los virus seres microscòpicos, capaces de sobrevivir en cualquier ambiente, salado, àcido

o volcànico, necesitan un mìnimo de cosas. Existen desde què empezò la vida y probablemente

seguiran  despuès del ciclo de la vida. Pero no les envidio, no conocen la mùsica ni el amor.

                                                                                                                                                             marìa

¿Porquè escribo?

Escribo para ser leìda.

Alguna vez creì què lo hacìa para mi solaz.

Mentira.

Escribo para què alguien màs, uno, varios, muchos: en algun lugar del mundo escuche.

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Quizàs comprenda o algo en el se remueva.

Algun eco,

algun recuerdo comùn o semejante.

Tambièn para mi,  para leerlo en otro tiempo y hasta me sonroje o me averguence de tales pensamientos.

Escribo para expresarme,

como otros usan las palabras para el dìalogo.

Y alguno màs cincela, canta o hace mùsica.

Solo què a veces, lo què escribo es como el graffiti en una pared,

o un cuadro surrealista imcomprensible.

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Disculpen la torpeza què es menor que las palabras sonoras.

Es lo què hay. Punto.

                                                                                                     marìa

 

 

El viaje màs largo.

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No toques.

No llames.

Estoy si, pero es como no estar.

Salì de viaje.

El viaje màs largo, màs agotador, màs lejano.

El màs extraño, el màs exòtico y devastante.

A veces conmocionada, lloro.

De gozo y otras de pena.

Sorprendida observo la imperfecta templanza,

la tristeza rezumada en las dendritas,

adherida, como el moho a la madera.

Desprende èse tufo què repele la algabarìa.

No toques.

No llames.

Estoy de viaje a mi interior,

intentando hallarme.

                                                                                                                           marìa