El Telefono.

Tù y yo tenemos què hablar, pero està vez hablarè primero.

No, no, no repiques. Escucha y te escucharè.

Esto “nuestro”, està simbiosis què se ha dado desde què vivmos juntos se ha vuelto ingrata.

Si, si recuerdo los primeros años. Esperaba junto a la mesa una llamada  viendo el reloj fijamente porquè parecìa no moverse hasta la hora màgica de las 20 hs. Cenaba a las 19 hs sola, de prisa por si le daba en llamarme antes y lleguè a sentir què el corazòn paraba en seco cuando escuchaba “ring” “ring”. Entonces los minutos corrian tan deprisa que las horas eran segundos y colgaba con un suspiro.

Quizàs no lo sabes, mi madre solìa reñirme porquè me bañaba y perfumaba como si èl, pudiese verme.

Luego fuì menos tìmida, le llamaba y eran charlas màs breves pero màs frecuentes. Tambièn fuè un tiempo bueno.

Me acostumbrè a tenerte y tù fuiste cambiando tan ràpido, què he llegado al punto de la hartura.

!Quiero separame de ti!.

Estàs conmigo en la mesa, en el patio. !Carajo, si me sigues hasta en cuarto de baño!

¿Cambiè yo? Pues si, tambièn cambiè, en varios sentidos. Dejè de esperar junto a la mesa y llegò la impaciencia cuando me buscabas de noche, de madrugada, cada hora, cada 5 minutos, cada minuto.

No, no me voy con otro. Tampoco quiero abandonarte, ¿Podrìa ser de comùn acuerdo?

Me adjudico la culpa dejè la simbiosis se trocara en sin vida.

Y diciendo esto apaguè para siempre el telefòno mòvil.

marìa

Anuncios