Bù.

Bùho.

A mi monstruo nunca le gusto estar bajo la cama ni creo què le haya gustado un ropero si lo hubiera tenido.

Le gustaba habitar los àrboles y de vez en vez asustarme.

Mi madre decìa què eran las sombras  y llorè cuando cortaron sus ramas porquè en los verdes veranos se llenaba de pàjaros y delicadas flores àmbar.

Luego un dìa sin decir adiòs se fuè, sabrà Dios a què cielos o calles.

Ha vuelto hace un tanto tiempo y al no encontrar su àrbol està conmigo siempre.

A veces cuando pensativa leo un libro o medito me asusta.

Cabecero de cama. Madera reciclada.

!Bù!

Del sobresalto se cae el làpiz, late el corazòn precipitadamente, las pupilas se dilatan y un grito de; ¿Què, què, què sucede? se me escapa.

Entiendo què no es un monstruo malo y tan callado què olvido què es inseparable.

Quizàs, quizàs lleguè el dìa què deje de asustarme y le mande al patio como a un crìo malcriado.

marìa

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